Una pausa.

A veces, necesito tomar un momento para respirar y ver todo desde una nueva perspectiva. Hay períodos en que la vida nos presenta muchos cambios al mismo tiempo, nos sacude como a un árbol para poder seguir creciendo y a lo largo del tiempo cada uno va aprendiendo a sentirlo y vivirlo de una mejor manera.

Parte de esto, es saber darle prioridad a las situaciones que requieren más atención en determinados momentos sin sentirnos culpables o que estamos fracasando de alguna forma por no ser capaces de hacer todo y además perfectamente.

Siempre hay una primera vez.

Hubo un tiempo en que no me conocía lo suficiente, no confiaba en mí y ese entorno que me daba la poca seguridad que tenía se derrumbó de un momento a otro. En ese momento tuve mi primer encuentro con la ansiedad y el verdadero miedo, ese que se siente en los huesos y en el aire que respiras.

En esa etapa escuchaba y leía muchas frases como: “Lo único constante es el cambio” “Aprende a fluir como el agua del río” “El tiempo de Dios es perfecto”. Muchas personas me decían que debía aprender a soltar, perdonar, que cuando dejara de querer controlar todo, la situación cambiaría; y a pesar de creer que entendía lo que debía hacer todo parecía ir cada vez peor.

Mientras más creía haber dejado ir lo que me hacía daño, con más frecuencia me encontraba con situaciones que me recordaban todo lo contrario. A diario reaparecía la sensación de falta de aire, un vacío constante en estómago. Creí que hacía mucho por cambiar pero realmente estaba paralizada ante la vida.

Llegó un momento en que mi cuerpo no aguantó más la presión emocional y mental a la que lo estaba sometiendo y se rindió. Fue en ese momento cuando más me costó aceptar que todo estaba en mis manos. Sinceramente, era más fácil buscar factores externos antes de asumir la responsabilidad y trabajar en mí misma.

La vida es un ciclo.

Esa primera vez, el retorno del equilibrio empezó cuando me di cuenta que el único remedio era asumir y empezar a actuar. Con ayuda de muchas personas, principalmente de mi familia, entendí que haciendo pequeños cambios se van generando otros más grandes y poco a poco todo vuelve a encontrar su nuevo lugar.

Y cuando todo tomó forma, llegaron más cambios en nuevas áreas de mi vida. Esta vez contaba con las herramientas para que el impacto no fuese tan fuerte pero, seguía desconfiando de mí. Ese círculo externo que me impulsó anteriormente ya no era suficiente, el aprendizaje esta vez era más grande y estaba únicamente en mis manos.

Mi cuerpo tuvo que volver a llamarme la atención para entender que estaba repitiendo mi obsesión con el control. Apareció muchas veces el viejo refrán: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.

La ansiedad volvió cada mañana, por cada paso hacia adelante que daba sentía que eran cinco hacia atrás. Mi deseo es que todo volviese a su lugar, quería mantener mi zona de confort y la realidad es que el pánico a enfrentarme a nuevas situaciones se estaba haciendo tan fuerte que hasta lo que mantenía su sitio me daba miedo.

Esta vez, el proceso ha sido mucho más largo y la recompensa aún mayor. Más largo porque me he dado cuenta que cada miedo que enfrento le quita la máscara a muchos otros y así entendí que ya no quiero una vida cómoda porque así no soy realmente feliz.

El concepto de la felicidad.

Este ha sido uno de los mayores cambios de mi vida. De esto he hablado en distintos post, especialmente en Entendiendo las expectativas y La búsqueda.

Desde que entendí que no se trata de acumular objetos, personas, logros o momentos sino de disfrutar y apreciar lo que ya está en nuestras vidas soy realmente capaz de decir que sé lo que es la felicidad.

Gran parte de esto es también saber agradecer, vivir y apreciar esas situaciones que ponen a prueba nuestro equilibrio emocional, mental, material, físico o espiritual; entender que no somos seres perfectos ni capaces de controlarlo todo y que cada cambio trae nuevos aprendizajes y regalos.

Es más fácil decirlo que hacerlo; les aseguro que son más la veces que debo detenerme y recordar todo esto para poder seguir adelante con una sonrisa y la mejor actitud sin embargo, cada día me lo propongo con más seguridad.

Es por esto que he estado ausente por un tiempo. Otros asuntos requerían de mi atención y dedicación, cosa que no resta la importancia de este espacio para mí, más bien las ganas constantes de ofrecerles mis experiencias y herramientas aprendidas de la mejor forma posible.

Como siempre, gracias por leerme y que empiece esta nueva etapa 🙂

Imagen:
NeONBRAND

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¿Cuál es tu plan?

Cada ciclo de aprendizaje en mi vida ha sido distinto e igual al mismo tiempo. Algunos cortos y otros no tanto. Incluso cuando he creído haber superado algo las circunstancias me demuestran lo contrario y me veo en la obligación de reaprender para poder seguir.

Una cosa es cierta, aunque sea cliché decirlo y más aún en estas fechas, nuestro único trabajo como seres humanos es lograr ser felices. Un concepto muy abstracto y personal por lo que no es de esto que quiero hablarles hoy.

“Si quieres hacer reir a Dios, cuéntale tus planes”.

Durante demasiado tiempo deposité el concepto de felicidad en aspectos externos: dinero, familia, pareja, estudios, empleo, profesión, amigos y un largo etcétera.

Quizás era más fácil o cómodo justificar mi falta de búsqueda en factores externos y consolarme con frases como:

  • Cuando no dependa económicamente de mis padres seré feliz.
  • El día que encuentre a mi alma gemela seré feliz.
  • Si logro hacer buenos amigos podré ser feliz.
  • Terminar mis estudios me hará feliz.
  • Solamente me falta conseguir el empleo ideal para ser feliz.

No quiero que me malinterprenten, todas esto es importante y sí contribuye a nuestro equilibrio como seres humanos pero, en mi caso esa sensación de que faltaba una pieza seguía ahí e ingenuamente creí que haciendo más y más planes la conseguiría.

Irónicamente mientras más detallados y metódicos eran mis planes más cambiaba mi rumbo, el camino se desviaba y por momentos pareceía que no iba a ningún lado, que mientras más deseaba y luchaba por lograr una meta en concreto más me alejaba de ella.

Esto está bastante ligado al cómo entendemos y gestionamos nuestras expectativas, de lo cual hablé en una publicación anterior.

El mejor plan es no tener plan.

A primera vista se puede entender el no tener plan como entregarse a lo que pase sin preguntas, expectativas, metas u objetivos.

La realidad es que me refiero a todo lo contrario, este año me ha servido para entender y aceptar muchas cosas en este sentido, entre ellas:

  • Mientras más me conozco desde todo punto de vista (profesional, personal, familiar, espiritual) tengo muy claro qué quiero y cuál camino seguir para materializar mis sueños.
  • Lo importante no es el cuándo ni el cómo suceden las cosas sino mi capacidad de saber identificar las oportunidades que me acercan a mis metas y aprovecharlas al máximo.
  • Parte de conocerme es saber cuáles son mis debilidades y trabajar para generar los cambios que quiero. Por ejemplo: Durante todo este año me propuse enfrentar mis miedos, desde pequeños hasta los más grandes. Así creció poco a poco la confianza en mi misma y mis capacidades.
  • Cuando realmente disfrutas el momento presente y sabes agradecerlo llegan más oportunidades a tu vida.

No se me ha hecho fácil poner en práctica lo anterior, de hecho, sigo trabajando en ello y con certeza puedo decir que cada día que avanzo en algo aparecen nuevos retos, la diferencia es que al cambiar mi visión y actitud soy capaz de disfrutar el camino.

Este año vino cargado de cambios en todo sentido, retos, pruebas, miedos pero sobretodo de regalos y oportunidades que agradezco profundamente. El nuevo ciclo lo recibo con los brazos abiertos, con pisada firme, metas claras y ganas de seguir creciendo.

¿Tú que puedes rescatar de este año que termina? ¿El balance es positivo?

Yo les agradezco a cada uno de los que me leen desde los comienzos de este espacio y a los que se han ido sumando por su apoyo y tiempo.

¡Gracias!

Imagen:
Annie Spratt

Depende de ti

Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido atrapados o agobiados por las circunstancias. Creemos que todo falla a nuestro alrededor y que no podemos hacer nada por detenerlo; la vida se vuelve en nuestra contra y es más fácil verlo como un ataque que como una llamada de atención.

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Procrastinar, la palabra de moda

Quizás sea una de esas situaciones en las que cuando piensas en un hábito lo ves por todos lados, pero para mí la palabra procrastinar ha aparecido frecuentemente en las últimas semanas.

El diccionario de la RAE lo define como Diferir, aplazar. Es la acción que nos lleva a postergar decisiones, acciones, situaciones que nos pueden parecer difíciles o innecesarias en distintos momentos.

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Cambiemos al mundo

En las últimas semanas me ha costado un poco ser optimista con el futuro; será porque cada vez que salgo de mi casa veo violencia, hambre, conformismo, por nombrar algunos; y también en el resto del mundo el rencor y la rabia han encontrado espacios y parecen invadir todo lo que nos rodea.

Después de mucho pensarlo he llegado a la conclusión de que estamos viviendo el resultado de los extremismos tanto políticos como religiosos y sociales. El ser humano nace con la necesidad de ser feliz, y eso está bien, el problema está cuando se convence que su felicidad depende de la infelicidad o incluso, la inexistencia de otro; que aunque no lo quiera aceptar, es igual a él.

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Conciencia y acción

Concientizar que estamos en un proceso de aprendizaje es solamente el primer paso para alcanzar el anhelado equilibrio del que tanto hablamos.

Saber que tenemos miedo no significa que ya esté enfrentado y superado; ese miedo seguirá presente hasta que decidamos hacer algo con el, ya sea sucumbir o enfrentar.

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De la soledad al mundo

Howard Gardner es un psicólogo estadounidense que ha desarrollado la Teoría de las Inteligencias Múltiples. Su propuesta consiste en que cada ser humano cuenta con distintas áreas en su cerebro,  que dependiendo de varios factores se desarrollan con mayor o menor facilidad; estas son: Lingüística, Musical, Matemática, Espacial, Corporal o Kinestésica, Naturalista, Intrapersonal e Interpersonal.

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Edad del Sol

La mayoría de nosotros ha crecido con sueños e ilusiones, entre ellas, una de las más comunes “encontrar al amor de nuestra vida y vivir felices para siempre”. Es una fantasía que es alimentada día a día gracias a cuentos de hadas, películas, novelas, series e incluso por nuestras propias familias.

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Bienvenida serenidad

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

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Manos a la obra

Aceptar que estamos en un camino de aprendizaje es el primer paso que damos para recuperar nuestro equilibrio. Sabemos que como nosotros, muchos trabajan para reencontrarse con su esencia y para esto existen muchas herramientas que nos facilitan el trabajo.

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