¿Cuál es tu plan?

Cada ciclo de aprendizaje en mi vida ha sido distinto e igual al mismo tiempo. Algunos cortos y otros no tanto. Incluso cuando he creído haber superado algo las circunstancias me demuestran lo contrario y me veo en la obligación de reaprender para poder seguir.

Una cosa es cierta, aunque sea cliché decirlo y más aún en estas fechas, nuestro único trabajo como seres humanos es lograr ser felices. Un concepto muy abstracto y personal por lo que no es de esto que quiero hablarles hoy.

“Si quieres hacer reir a Dios, cuéntale tus planes”.

Durante demasiado tiempo deposité el concepto de felicidad en aspectos externos: dinero, familia, pareja, estudios, empleo, profesión, amigos y un largo etcétera.

Quizás era más fácil o cómodo justificar mi falta de búsqueda en factores externos y consolarme con frases como:

  • Cuando no dependa económicamente de mis padres seré feliz.
  • El día que encuentre a mi alma gemela seré feliz.
  • Si logro hacer buenos amigos podré ser feliz.
  • Terminar mis estudios me hará feliz.
  • Solamente me falta conseguir el empleo ideal para ser feliz.

No quiero que me malinterprenten, todas esto es importante y sí contribuye a nuestro equilibrio como seres humanos pero, en mi caso esa sensación de que faltaba una pieza seguía ahí e ingenuamente creí que haciendo más y más planes la conseguiría.

Irónicamente mientras más detallados y metódicos eran mis planes más cambiaba mi rumbo, el camino se desviaba y por momentos pareceía que no iba a ningún lado, que mientras más deseaba y luchaba por lograr una meta en concreto más me alejaba de ella.

Esto está bastante ligado al cómo entendemos y gestionamos nuestras expectativas, de lo cual hablé en una publicación anterior.

El mejor plan es no tener plan.

A primera vista se puede entender el no tener plan como entregarse a lo que pase sin preguntas, expectativas, metas u objetivos.

La realidad es que me refiero a todo lo contrario, este año me ha servido para entender y aceptar muchas cosas en este sentido, entre ellas:

  • Mientras más me conozco desde todo punto de vista (profesional, personal, familiar, espiritual) tengo muy claro qué quiero y cuál camino seguir para materializar mis sueños.
  • Lo importante no es el cuándo ni el cómo suceden las cosas sino mi capacidad de saber identificar las oportunidades que me acercan a mis metas y aprovecharlas al máximo.
  • Parte de conocerme es saber cuáles son mis debilidades y trabajar para generar los cambios que quiero. Por ejemplo: Durante todo este año me propuse enfrentar mis miedos, desde pequeños hasta los más grandes. Así creció poco a poco la confianza en mi misma y mis capacidades.
  • Cuando realmente disfrutas el momento presente y sabes agradecerlo llegan más oportunidades a tu vida.

No se me ha hecho fácil poner en práctica lo anterior, de hecho, sigo trabajando en ello y con certeza puedo decir que cada día que avanzo en algo aparecen nuevos retos, la diferencia es que al cambiar mi visión y actitud soy capaz de disfrutar el camino.

Este año vino cargado de cambios en todo sentido, retos, pruebas, miedos pero sobretodo de regalos y oportunidades que agradezco profundamente. El nuevo ciclo lo recibo con los brazos abiertos, con pisada firme, metas claras y ganas de seguir creciendo.

¿Tú que puedes rescatar de este año que termina? ¿El balance es positivo?

Yo les agradezco a cada uno de los que me leen desde los comienzos de este espacio y a los que se han ido sumando por su apoyo y tiempo.

¡Gracias!

Imagen:
Annie Spratt

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Edad del Sol

La mayoría de nosotros ha crecido con sueños e ilusiones, entre ellas, una de las más comunes “encontrar al amor de nuestra vida y vivir felices para siempre”. Es una fantasía que es alimentada día a día gracias a cuentos de hadas, películas, novelas, series e incluso por nuestras propias familias.

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Bienvenida serenidad

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

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Manos a la obra

Aceptar que estamos en un camino de aprendizaje es el primer paso que damos para recuperar nuestro equilibrio. Sabemos que como nosotros, muchos trabajan para reencontrarse con su esencia y para esto existen muchas herramientas que nos facilitan el trabajo.

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Desde las cenizas

No recuerdo la primera vez que sentí ansiedad, pero si recuerdo las veces que por miedo a mí misma he dejado de luchar por las cosas que me causaban temor.

Descubrí que es más fácil tenerle miedo a una pelota y quedarse en la comodidad de la banca que arriesgarte delante de todo un grupo a que puedas dejarla caer, tu orgullo se venga a abajo y no puedas recuperarte nunca más.

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