Entendiendo las expectativas

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos experimentado la decepción, no hemos recibido lo que esperábamos de determinada persona o situación. Como también hemos vivido la sorpresa de recibir más de lo que esperábamos.

Queremos vivir con alguien que conozca y satisfaga nuestras necesidades de una determinada manera, soñamos con una relación en la que no existan las peleas.

Incluso, hemos decidido dejar la estabilidad de un empleo para emprender negocios que imaginamos exitosos, pero terminan siendo grandes derrotas emocionales.

Una expectativa no es más que el posible desenlace que nuestra mente fabrica a partir de un deseo y puede estar basada tanto en una realidad como en una fantasía.

El peligro emocional que representan estos deseos reside en nuestra mente y la forma en cómo se haya desarrollado nuestro contacto con la realidad desde niños.

Crecimos en la fantasía.

La realidad y la fantasía son conceptos abstractos que requieren de cierto desarrollo intelectual para ser diferenciados. Es común crecer de la mano de cuentos fantásticos y representaciones de la realidad bajo la creencia colectiva de que es lo mejor para los primeros años porque el niño aprende ciertos valores manteniendo su inocencia.

La doctora Silvia C. Dubovoy, miembro de la Asociación Internacional Montessori, explica en su trabajo La Realidad: La más Poderosa e Integral Llave al Mundo” la importancia de mantener el contacto con el mundo real entre los 0 y 6 años de edad.

“Sin la realidad, la mente se dispersa en el universo de las ilusiones, expectativas e ideas falsas, que únicamente logra perpetuar la ignorancia, la superficialidad y las necesidades insatisfechas.” Silvia C. Dubovoy.

Durante los primeros años de vida, la mente toma todo lo que percibe en su entorno como realidad. Es durante este período, que el cerebro realiza las conexiones neuronales que permiten posteriormente procesos como la abstracción, lo que nos permite diferenciar lo real de lo irreal.

Es por esto que crecer con cuentos de princesas felices, animales que hablan y desenlaces perfectos en una edad o entorno no adecuados, puede traer como consecuencia un adulto totalmente ajeno a la realidad, que vive de ilusiones y expectativas por lo que no logra llenar vacíos emocionales.

Construimos un modelo interno de realidad basado en costumbres, cultura y los patrones de conducta de los adultos que nos rodean. Confiamos en que la realidad es como nos la presentaron y el ambiente externo al que tuvimos acceso.

Vivir en la realidad.

La realidad es un concepto totalmente subjetivo, ya que se forma a partir de experiencias y percepciones sensoriales. Por lo que no es lo mismo para un niño actuar en el jardín de su casa haciendo pasteles de lodo, a colaborar en su propio entorno con actividades que se adapten a sus capacidades, obteniendo un resultado palpable como un pastel que realmente puede comer y le crea una satisfacción real.

Cuando entendemos que parte de nuestra realidad puede estar originada en conceptos dictados por la fantasía se facilita el camino en el que dejamos de depender de las expectativas como deseos inalcanzables.

Condicionamos nuestra mente a mantenerse en contacto con la realidad, viviendo en el presente y construyendo resultados a partir de acciones concretas que satisfacen determinadas necesidades.

Es importante también entender que hay situaciones que no dependen de nosotros, es decir, que nuestras acciones no determinan o condicionan los resultados que dependen de terceros. Crear expectativas hacia terceros no es más que proyectar lo que esperamos de esas personas. Sin embargo, si no canalizamos esas emociones de forma correcta podemos seguir viviendo en un círculo de vacíos insatisfechos.

Gestionar nuestras expectativas.

Ya sabemos que el conflicto que podemos estar viviendo no se debe al hecho de tener expectativas, si no a la confusión entre lo real y lo fantasioso que existe en nuestra mente y que hace que muchas veces estas no sean factibles.

El tener expectativas en nuestras vidas puede llegar a ser una práctica realmente positiva y enriquecedora una vez que aprendemos a separar lo posible de lo imposible. De forma individual podemos empezar por:

  1. Analizar. Preguntarnos: ¿Cuál es mi realidad? ¿Son mis metas posibles en mi entorno? ¿Mi deseo es real o fantástico? ¿Estoy haciendo lo que realmente me gusta? ¿Estoy buscando satisfacer a otros? ¿Me siento presionado por mi entorno?
  2. Evaluar. Cuánto de nuestra realización como seres humanos estamos esperando que sea alcanzado por otros y qué es lo que realmente depende de nosotros.
  3. Enfocar. Detallar cómo podemos materializar aquellas expectativas que efectivamente dependen de nosotros.

Comunicar expectativas.

Una vez que logremos resolver nuestra situación personal y alcancemos vivir en la realidad podremos empezar a resolver los posibles conflictos de expectativas que hemos proyectado en otros.

La mejor práctica es la comunicación oportuna, hacerle saber a tiempo a la persona indicada lo que esperamos de ella en una determinada situación. Por ejemplo, si enfermamos y queremos que nuestra pareja nos preparé un té caliente es mejor pedírselo a suponer que él o ella sabrá que lo estamos esperando.

Una vez que logramos sanar nuestra existencia en un entorno real, nos será más fácil identificar las relaciones y situaciones que no llegan a adaptarse a nuestras necesidades, tanto en el ámbito personal como profesional o académico.

Ahorramos tiempo y sufrimiento al saber qué es lo que queremos y cómo podemos conseguirlo en un contexto de factibilidad. Aceptamos finalmente, que la perfección fantástica con la que crecimos no existe y somos capaces de construir metas concretas que nos satisfacen como seres humanos completos y equilibrados.
Amy Treasure

4 comentarios sobre “Entendiendo las expectativas

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