Procrastinar, la palabra de moda

Quizás sea una de esas situaciones en las que cuando piensas en un hábito lo ves por todos lados, pero para mí la palabra procrastinar ha aparecido frecuentemente en las últimas semanas.

El diccionario de la RAE lo define como Diferir, aplazar. Es la acción que nos lleva a postergar decisiones, acciones, situaciones que nos pueden parecer difíciles o innecesarias en distintos momentos.

Puede empezar como algo pequeño hasta convertirse en un hábito que nos lleva a acumular trabajo en cada uno de los ámbitos de nuestras vidas, haciéndonos sentir abrumados y llevándonos a la parálisis emocional.

Desde completar una aplicación de empleo hasta tomar la decisión de casarnos; las situaciones que nos generan ansiedad pueden ser infinitas y muchas de ellas decidimos dejarlas para después.

Es muy fácil encontrar excusas o mejores cosas que hacer antes de enfrentar lo que nos está causando temor o cualquier otra emoción desagradable; la cruda verdad es que más tarde que temprano nos tendremos que enfrentar a la realidad y mientras más esperamos mayor es el sufrimiento que nos causamos.

Procrastinamos cuando permitimos que el miedo nos paralice porque no sabemos cuál será el resultado de nuestras acciones o porque en gran medida debemos aceptar que lo que resta del resultado no está en nuestras manos y eso nos causa pánico.

A la mayoría nos gusta mantener el control de la situación y por eso decidimos reservarnos o escondernos para no aceptar que no todo depende de nosotros y que muchas veces aunque el resultado no es el que esperamos más adelante entendemos que fue lo mejor que nos pudo pasar.

Está bien buscar la estabilidad en nuestras vidas, pero ese balance debe venir acompañado del aprendizaje que nada es estático y el cambio será permanente mientras habitemos este planeta.

Podemos resistirnos a estos cambios, negarnos a la realidad del mundo, alejarnos de las personas; pero definitivamente de una y otra forma llegará el momento de actuar.

Enfrentar las emociones desagradables no es fácil, principalmente porque nuestra mente las califica como algo negativo que no debemos sentir y que solamente aparecen en los momentos que debemos superar.

Si aprendemos a ver el lado positivo de cada emoción se nos facilita el camino, por ejemplo si vemos el miedo como una oportunidad en vez de una amenaza podremos entenderlo y aceptarlo, dándole la oportunidad de comunicarnos y saber que al enfrentarlo es muy probable que tengamos un resultado favorable.

Mi relación con el miedo no ha sido fácil, ni definitiva. No he alcanzado la meta de verlo como un amigo en vez de mi peor enemigo, pero trabajo cada día para mejorar nuestra relación. Quiero aceptarlo como una herramienta, como el aliado que sabe presentarme las mejores oportunidades y el que me reta a ser mejor cada día.

Si bien no es tarea fácil es totalmente factible trabajar las relaciones positivas con las emociones que hemos crecido conociendo como negativas. Creemos que estas emociones nos hacen débiles y que solamente nosotros las experimentamos por lo que algo debe estar mal con nosotros.

La verdad es que todo ser humano debe lidiar con las emociones, la ventaja entre unos y otros es justamente cómo lo hacemos y qué provecho sacamos de ellas.

Ser emocionales no nos hace débiles o menos que los demás, tampoco nos hace más, simplemente nos hace humanos.

Podemos empezar por cosas pequeñas como limpiar nuestro armario; aceptar que hay prendas que ya no forman parte de nuestras vidas y tomar la decisión de dejarlas ir es un pequeño escanario en el que podemos evaluar si estamos procrastinando en otras áreas de nuestras vidas. Es un ejercicio liberador que nos permite abrir espacio para los regalos nuevos que están esperando que actúemos para recibirlos.

Así en el aspecto académico, laboral, personal, familiar; podemos ir identificando las situaciones que hemos aplazado y priorizar cuáles enfrentar primero para facilitar las otras, basando nuestras decisiones en beneficio de avanzar sin recaer. De nada nos servirá hacer una lista de todas la cosas que tenemos pendientes si no estamos dispuestos a actuar con firmeza en búsqueda del cambio.

Poco a poco podemos ir enfrentando cada uno de los obstáculos que hemos colocado entre nosotros y el futuro incierto al que tanto tememos. Vamos reencontrando el orden que tanto anhelamos y nos damos cuenta que siempre hay espacio para mejores oportunidades.

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