¿Sueñas o Idealizas?

¿Alguna vez te ha pasado que inviertes toda tu energía en una situación o persona y el resultado no es el que esperas? Si te ha pasado, como a mí (muchas veces) es porque has idealizado lo que querías.

A las personas soñadoras se les ha conocido como fantasiosas o utópicas desde que el realismo se ha tomado como excusa para los amantes de la zona de confort y también muchos idealistas prefieren asumir que son soñadores con mala suerte, víctimas de una serie de infortunios que se empeñan en no verlos felices.

La verdad (por no decir realidad jaja) es que ser soñador es muy distinto a idealista. El soñador tiene los pies puestos en la tierra y se traza metas, objetivos, plazos para materializar su sueño, está consciente de la realidad, del entorno y también toma en cuenta lo que podría salir mal.

Cuando algo no va de acuerdo al plan, un verdadero soñador encuentra la forma de desviar el camino, pero nunca la meta porque está muy claro en lo que quiere y sabe que es completamente factible y realista que todo se materialice, aunque no sea en el tiempo o de la forma que tenía en mente.

El idealista, en cambio, se empeña en situaciones imposibles, creyendo que por ser “optimista” todo puede cambiar. Piensa en el resultado, pero el camino le es indiferente porque piensa que si lo desea lo suficiente todo resultará como tanto lo sueña.

Este personaje es el que más sufre en su historia y tiene grandes probabilidades de terminar siendo la víctima del destino que se empeña en que no tiene derecho a la felicidad. Es el camino más fácil a la depresión, desilusión o como quieran llamarlo que puede existir y cuando la realidad llegue puede seguir engañándose y sufriendo o puede asumir la responsabilidad del cambio.

Cuando he vivido situaciones como esta, me imagino que soy la protagonista de un gran libro y que en cualquier momento aparecerá alguien o sucederá algo que cambiará por siempre el rumbo de mi historia. Y la verdad es que solamente yo puedo decidir el rumbo, sea el mismo o uno nuevo, la decisión es mía.

Si, lo confieso, soy especialista en novelizar mi vida, en convertir un aprendizaje en la mayor tragedia de la historia y no me cuesta para nada creerme la víctima de alguna malvada fuerza desconocida que me impide llegar a la meta, solamente porque sabe que cambiaré el mundo para siempre. Cuando lo supero, me causa mucha risa y pienso en todos los momentos que mis padres han debido aguantar la risa y respirar profundo ante todas las escenas que he armado en esta vida.

Pero también he conscientizado esta condición, por ponerle un nombre, y hago todo lo posible por mejorarlo y canalizar toda esta creatividad tragi-cómica para ayudar a otros e incluso materializar esas historias.

En fin, a todas las vivencias que tenemos podemos sacarle provecho, está en nuestras manos la felicidad. Todo es cuestión de organizarnos, aunque suene metódico, pero sí, el camino para materializar nuestros sueños puede llegar a ser bastante estructurado e incluso científico, pero verán que todo resulta mejor cuando somos unos soñadores y dejamos de lado los idealismos.

Gracias por leerme.

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