Bienvenida serenidad

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

Viviendo día a día;

disfrutando de cada momento;

sobrellevando las privaciones como un camino hacia la paz;

aceptando este mundo impuro tal cual es

y no como debería ser,

tal y como hizo Jesús en la tierra:

así, confiando en que obrarás siempre el bien;

así, entregándome a Tu voluntad;

podré ser razonablemente feliz en esta vida

y alcanzar la felicidad suprema a Tu lado en la próxima.

Amén.”

Plegaria de la Serenidad – Reinhold Niebuhr

Muchas corrientes y terapias toman las primeras líneas de esta oración como una especie de mantra para la serenidad y el equilibrio.

Una de las cosas que más me ha dado trabajo en este vida es la aceptación. Una palabra tan simple, pero que abarca todo un proceso que es bastante complejo, es un camino constante lleno de altos y bajos.

Crecemos creyendo que tenemos el derecho de cambiar a los demás, convencidos que lo hacemos desde el amor cuando la verdad es un acto bastante soberbio de nuestra parte. Cada ser humano que llega a este mundo cuenta con la libertad de elegir el tipo de persona en la que se quiere convertir; eso es su decisión y de nadie más.

Cuando nuestros padres nos regañan o aconsejan sobre aspectos que deberíamos cambiar para ser mejores personas a su juicio, lo hacen porque nos aman, pero finalmente la decisión del cambio recae sobre nosotros mismos.

Ahora, la pregunta es ¿cambias impulsado desde el miedo o desde la intención de ser feliz con tu ser, con tu esencia?

Saber distinguir entre lo que está en nuestras manos y lo que no, es un acto de humildad que realmente puede liberarte y otorgarte una serenidad que quizás no hayas sentido.

El verdadero amor es compasivo y paciente, pero también es realista y fuerte. Te permite hablarle a tus seres amados con la mayor sinceridad y tranquilidad y así entender por qué son como son y cuando ellos mismos decidan cambiar o no, tu corazón y tu mente sabrán entenderlo y aceptarlo sin dolores ni rencores.

Te invito a hacer un ejercicio bastante sencillo:

Escribe los nombres de las personas o situaciones que te generan sentimientos negativos y de impotencia por escapar de tus manos; a continuación describe lo que quisieras que cambie y por qué.

Cuando tengas tu lista completa, déjala descansar unos minutos, vuelve a ella y léela con calma.

Al terminar hazte la siguiente pregunta ¿cuáles de estas situaciones o aspectos se encuentran presentes en mí y cómo puedo cambiarlos?

Para tu sorpresa, la mayoría, por no decir todos, serán actitudes que tu mismo has tomado en algún momento.

Una vez alguien me dijo que las personas con las que compartimos son nuestro mejor espejo y la mejor forma de generar un cambio positivo es empezar por nosotros mismos, no quedarnos esperando a que los demás cambien para alcanzar la felicidad.

Todos somos capaces de generar pequeños cambios a diario que podrían llegar a ser el motor de algo mucho más grande, y así viviremos en un mundo más compasivo.

Como siempre, gracias por leerme.

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