Manos a la obra

Aceptar que estamos en un camino de aprendizaje es el primer paso que damos para recuperar nuestro equilibrio. Sabemos que como nosotros, muchos trabajan para reencontrarse con su esencia y para esto existen muchas herramientas que nos facilitan el trabajo.

Lo primero que te puedo aconsejar es buscar apoyo, el que funcione para ti, sea un familiar, amigo, terapeuta, psicólogo, guía espiritual; lo importante es que sea alguien en quien confíes y no tengas miedo para compartir todo lo que pase por tu mente, una persona por la que no te sientas juzgada porque si eres como yo, ya tienes bastante con tu propio juicio.

En el post anterior te comenté que la buena noticia es que todo tiene solución y la más difícil es que todo depende de ti y tu elección de ser feliz; pues hoy vamos a poner en práctica una herramienta que te demostrará que todos los seres humanos tenemos virtudes y defectos.

La mejor manera de concientizar cualquier situación de nuestras vidas es materializarla, y es por ello que me gusta llamar a este ejercicio “Verme en un espejo”.

Lo primero es buscar un momento de soledad y calma en tu día para dedicarte este ejercicio a ti, lo que vas a hacer son dos listas. La primera con todos los aspectos que te disgustan de ti, el por qué y las acciones que debes tomar para cambiarlas.

La segunda será una lista estructurada de la misma forma, pero con los aspectos que te gustan de ti, el por qué y cuáles son las acciones que tomas para mantenerlas y mejorarlas. Para que me entiendas mejor te daré dos ejemplos:

  1. Defecto -> Soy distraída – Por qué -> Me cuesta concentrarme en una sola cosa y pierdo tiempo – Cómo puedo mejorar -> Planificar mi día con antelación de acuerdo a las actividades que quiero/debo hacer.
  2. Virtud -> Soy amable – Por qué -> Me gusta que mis seres queridos sepan cuánto los aprecio – Cómo mantenerlo y mejorar -> Organizar tiempo para compartir con mis seres queridos, tener detalles que les alegren el día, hacerles saber cuánto aprecio que formen parte de mi vida.

Seguramente, se te haga más fácil la primera lista porque tendemos a tomar más atención a lo que no nos gusta que en apreciar las virtudes que creemos nadie ve, cuando la realidad es que somos nosotros mismos los que nos menospreciamos.

Aunque la lista de virtudes te tome más tiempo y trabajo, cuando la termines te sentirás mucho mejor al darte cuenta de todas las virtudes que tienes para compartir con el mundo.

Este ejercicio nos ayuda a darnos cuenta que tenemos muchas más virtudes de las que creemos y además nos demuestra que existen acciones concretas para cambiar las que no nos gustan.

Cuando hayas completado tus dos listas, toma un día de la semana para revisarlas e irlas trabajando de acuerdo a los aspectos que hayas mejorado tomando acciones concretas; puedes trabajar sobre las mismas listas, agregando una nueva columna en la que escribas qué cambios has logrado o crear una nueva cada semana para compararlas mientras progresas.

Espero que este ejercicio te ayude a conocerte mejor y comenzar a ver los cambios en tu proceso de crecimiento personal.

Gracias por leerme.

 

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